Reseña de la Excursión a Madrid (30/mayo – 1/junio)

HUSMEANDO POR OTROS MUSEOS
La verdad es que meterse entre pecho y espalda, como quien dice, tres museos de ciencias y un jardín botánico en el día y medio que pasamos en Madrid, ajustándonos a los horarios, y encima disfrutando, tiene su mérito. Mérito que hay que anotar en la parte que cada uno se ha ganado: los guías magníficos que tuvimos [por orden cronológico: Christian Peña y su compañero (Jose o Juanjo, ¡ay, memoria a dónde te has ido?) en la Escuela de Minas, Marite Tellería en el Real Jardín Botánico, las guías profesionales junto con Esteban Manrique en el Museo Nacional de Ciencias Naturales]; nuestro Secretario Luis Antonio, controlador de tiempos y trayectos; y, por supuesto, todos y cada uno de los participantes, bien dispuestos para seguir el ritmo marcado, y estar de buen humor todo el tiempo… fue meritorio y admirable.

IGME: VisitaComenzamos la mañana del día 31 visitando el Museo Geominero (del IGME), iniciado con los materiales recogidos durante la realización del primer mapa geológico de España, y situado en un edificio terminado en 1925. Un lugar que muchos no conocíamos hasta esta primera visita, y que, además de ser un sitio absolutamente encantador, tiene unas interesantísimas y amplias colecciones de minerales y de fósiles. El Museo está en un espacio amplio y diáfano (el techo es una vidriera) en el que las vitrinas ocupan toda la base y los dos primeros de los tres balcones que lo recorren perimetralmente. Es un lugar en el que pasar muchas horas, si uno está en Madrid en uno de esos días de verano que no pueden aguantarse al exterior. En http://www.igme.es/museo/MG_FotoEsferica2012.swf puede verse una foto esférica del lugar. La misma página web está muy bien organizada.

IGME TrilobitesIGME Toucasia

El Museo no tiene servicio de guías profesionales, pero su directora ha conseguido solventar el problema mediante voluntarios, entusiastas que poco a poco se van haciendo expertos en geología (¿podría ser una idea para el MCNA?). El personal de la institución ha ido preparando, además, una serie de ‘hojas de sala’, muy informativas, que permiten al visitante no guiado comprender lo que allí se expone, su origen, significado, importancia, etc. En síntesis, además de la colección sistemática de minerales y rocas, muestra una amplísima colección de fósiles (unos 37000 españoles y unos 7000 extranjeros) que se presentan en orden cronológico pero también sistemático, como si tuviera uno un completo libro de paleontología allí a su disposición. Es imposible hablar de todas las piezas que allí había. Cada uno se habrá quedado con unas u otras (en la memoria, quiero decir), y muchas de ellas las podemos ver en la meticulosa presentación preparada por Prudencio). Yo vi muchas cosas que me encantaron, pero fue un auténtico hallazgo encontrar varios fósiles de las famosas Toucasias, esos bichos que aparecen en las calizas recifales del País Vasco y de cuya forma no había podido nunca hacerme una idea cabal (y es que son bichos raros… véase la foto).

Con puntualidad suiza, dejamos este museo para dirigirnos al de la Escuela de Minas, que está contiguo y cuyo nombre oficial es Museo Histórico Minero D. Felipe de Borbón y Grecia, previa caña o café para los formales. La Escuela Superior de Ingenieros de Minas de Madrid (la 2ª más antigua de Europa, creo que nos dijo Christian) es uno de esos sitios en los que te explicas por qué los ingenieros, aún aquellos que trabajan bajo tierra, parecen estar siempre subidos en un pedestal. Edificio noble y vetusto, con todos los interiores de madera, magníficas maquetas de máquinas e instalaciones, una mina excavada en el patio, etc. Y entre tanta cosa, una soberbia colección de minerales, algunos fósiles y arqueorrestos relacionados con la minería, en un pequeño museo de época. En este caso sí tuvimos guías, Christian Peña, aspirante a ingeniero para finales de este año, y un compañero suyo del que no Mina_Pruden_0365Mrecuerdo el nombre, ya licenciado (o a punto, no me quedó del todo claro), que fue quien nos enseñó la susodicha mina. Allá bajamos, y durante un buen rato nos hicimos una idea de cómo viene a funcionar una mina de carbón (pozos, galerías, costales, vetas, martillos, etc., no sé, no pude retener los nombres de todas aquellas cosas). También tienen una página interesante: http://www.minas.upm.es/museo-fbg.html

Christian, a quien se le nota que disfruta mucho más ocupándose de estos asuntos que de las que eventualmente le puedan tocar si, fatalmente, termina la carrera, no paró de hablar en las dos horas que estuvimos allí. Nos contó un sinfín de cosas, y acabó por enseñarnos y comentarnos las piezas más significativas o que más nos interesaron en el momento. Aunque continuamente nos decía “bueno, y ahora os dejo para que lo vayáis viendo vosotros…”, estuvo todo el tiempo con nosotros, nos contó los minerales (no todos, claro), cómo consiguen que los niños encuentren oro (es duro reclutar estudiantes en esta ingeniería), y consiguió que la visita fuese muy agradable. En la memoria se me han quedado la vitrina de los ópalos (que me tuvieron hipnotizado un buen rato), unas magníficas piritas, y aquel inverosímil cráneo verde, impregnado de cobre, que naturalmente era ¡de la edad del cobre!

En fin, tras una restauradora comida, nos dirigimos al Real Jardín Botánico, y nos encontramos en la entrada de la Plaza de Murillo con nuestra guía, la Dra. Mª Teresa Tellería Jorge. Marite es micóloga, especialista y referencia internacional en hongos del grupo de los Aphyllophorales (hongos que crecen sobre todo, pero no solo, en los árboles y la madera: yescas y cosas parecidas), dirigió el Jardín durante 8 años, y es una persona encantadora, como nos demostró RJB_Pruden_0708esa tarde. Mientras nos llevaba paseando por el Jardín iba contando su historia, sus problemas, cómo se hizo la restauración en los años 40, cómo ha ido cambiando a lo largo del tiempo, etc. Vimos (creo que en este orden) la colección de bonsais donada por Felipe González, que tiene algunos ejemplares maravillosos. Además, por su situación en la última plataforma junto a la calle Alfonso XII, desde aquí se tiene una magnífica vista del Jardín y los edificios del paseo de Recoletos. En el extremo en el que estuvo la noria y está la alberca aprovechó Marite para explicar los tres tipos de jardín que hay allí, cada uno en una terraza: la muy formal de los cuadros, la escuela botánica y la última, la llamada ‘el plano de la flor’ que es un jardín romántico con setos altos formando caminos enrevesados. Vimos la pérgola que albergó la colección de vides de Simón de Rojas Clemente y algunos de los venerables árboles que hay en el jardín, una isla en pleno centro de Madrid.

Visitamos los dos invernaderos: el de Graells (la estufa fría), que se calentaba con estiércol y alberga actualmente una bonita colección de palmeras y plantas afines, y el invernadero Santiago Castroviejo Bolívar (botánico que precedió a Marite en la dirección del Jardín, y falleció hace poco), que se hizo en los 70 del siglo pasado y reproduce tres climas: desértico (árido y seco, plantas crasas), subtropical (plantas canarias) y tropical (cálido y húmedo, numerosos helechos, orquídeas, plantas carnívoras…) De aquí fuimos al estanque de Linneo, y comenzamos a pasear por las terrazas, desde la superior (el plano de la flor), atravesando el paseo de las estatuas hasta la inferior, el jardín más formal, con sus cuadros, fontines, etc. La historia de cómo fue restaurado por Leandro Silva para devolverle su trazado original, sin poder contar con ningún ningún plano de la época, fue verdaderamente curiosa. Sin apenas darnos cuenta ya se habíamos pasado dos horas allí. Podíamos haber seguido, porque cada uno de esos cuadros cuenta una historia de interés, pero ya se sabe que no hay que agotar los temas hasta aturdir. Gracias a nuestra excepcional guía, me parece que esta ha sido la vez que más he disfrutado de la visita a este jardín, que ya había visitado muchas veces.

Y, bueno, después de tanta geología y botánica, hubo recreo para que cada cual hiciera el plan que más le apeteciera.

Madrid metro

Y a la mañana siguiente, impasible el ademán, ya estábamos en la puerta del Museo Nacional de Ciencias Naturales (http://www.mncn.csic.es), unos 10 o 15 minutos antes de que se abriera (fuimos puntuales hasta pasarnos). El MNCN comparte edificio, un gran pabellón construido para alguna exposición universal de esas, con la Escuela de Ingenieros Industriales. La compartición es así: la Escuela de Ingenieros tiene toda la parte central, más noble y más amplia, y al MNCN le quedan las dos alas, de forma que está dividido en dos secciones separadas… En una de ellas, que es poco más que un pabellón industrial bien acondicionado está la parte de geología y paleontología y en la otra, la entrada propiamente del museo, la parte de biodiversidad. Así que muy disciplinadamente, porque esta vez teníamos guías profesionales, nos dividimos en dos grupos, y mientras unos empezaban por una de las alas, el resto se iba a la otra y, a la hora, cambio.

MNCN CelacantoMadrid PsaroniusLas exposiciones del MNCN están muy dirigidas a cualquier tipo de público, y por eso tienen mucho aparato gráfico, dioramas, reconstrucciones, gráficos, etc. No hay tanto abigarramiento de piezas como en los dos geológicos, el resultado es igualmente atractivo, y es de suponer que esto atraerá también a más público. De cualquier forma, la diferencia de público entre la geología y la biodiversidad el domingo que estuvimos nosotros fue muy llamativa, a favor de la segunda, naturalmente. La cantidad de piezas, muchas de ellas bastante famosas, hace difícil resumir lo que puede verse allí. La colección de fósiles, con un número discreto de ejemplares expuestos, es sin embargo muy atractiva por las recreaciones de los ambientes y las reconstrucciones de los bichos, antiguos y modernos con caracteres vestigiales (el ornitorrinco, el celacanto). Por allí estaba el famoso megaterio, que es, si no me equivoco, el primer esqueleto fósil de vertebrado encontrado completo, y que fue mal reconstruido por Bru al pensar que se trataba de algún tipo de oso, dando lugar a una famosa polémica con Cuvier. Hay una nutrida colección de esqueletos de dinosaurios y otras bestias primigenias (tipo Godzilla), como el famoso Diplodocus donado (una réplica) por Carnegie a comienzos de 20, etc.

La parte de biodiversidad está organizada también de forma muy didáctica, tratado de explicar todos esos conceptos: el de diversidad, taxonomía, genética, biogeografía, conservación, etc. El amante de los museos clásicos puede encontrar esto un tanto descafeinado, pero parece que atrae mucho público (ese domingo hacia el final de la mañana el follón era ya muy considerable). Claro que esto también se debe a que las piezas elegidas para ilustrar todo eso son poco menos que espectaculares, desde los moluscos que ilustran la taxonomía hasta las aves y mamíferos (¡el elefante!) que aparecen en las demás vitrinas. Las naturalizaciones (lo que antes llamábamos ‘animales disecados’) son extraordinarias, debidas a dos genios de ese arte llamados José María y Luis Benedito Vives, y seguramente están entre los elementos más atractivos del museo.

MNCN Megaterio

Esteban Manrique Reol, que el jueves previo nos había conferenciado en Vitoria acerca de la historia del museo, se nos unió hacia las 12:00, y con él fuimos a ver la exposición dedicada a la colección Van Berkhey (Naturalezas ilustradas),el Real Gabinete de Historia Natural y la parte dedicada al mediterráneo, con su gran calamar gigante. El Real Gabinete, recreado de forma muy lograda en un espacio anexo, incluye una buena colección de piezas de época, entre grabados, fósiles, naturalizaciones, minerales, esqueletos, etc., además de muebles también de época (como el magnífico lapidario). Todo ello se dispone en una especie de totum revolutum, ordenado mayormente según criterios estéticos nacidos más del asombro ante lo extraño de las piezas que de otra cosa, y que pretende recrear ese mismo asombro. Finalmente estuvimos un buen rato considerando aquella pieza que añadió el museo, obra de Rosamond Purcell, y que representa el Jardín del Edén, la racionalidad humana, etc., con los esqueletos que representan a Adán, con extraño gesto (¿se está riendo?) junto a Eva, con su preceptiva manzana…Madrid comedor
– Ver reseña en pdf –
Manzana

Publicado el 26 junio, en Reciente. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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