La difícil conquista de los fondos oceánicos

_Nautile_Juteau

La conferencia que pronunció el Dr. Thierry Juteau, profesor emérito de la Universidad de Brest, en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa el pasado miércoles día 2 de febrero, fue simplemente memorable. Para empezar, el profesor Juteau hizo sentir a la audiencia la emoción del descubrimiento en su estado más puro, cuando relató el momento en el que, un buen día de abril de 1979, explorando el fondo a unos 2600 m de profundidad a bordo del sumergible Alvin, vio por primera vez los oasis de vida que se desarrollan en las surgencias hidrotermales que jalonan las dorsales oceánicas, comunidades formadas por extraños invertebrados: enormes “gusanos” sin aparato digestivo, “mejillones” gigantes, millares de “gambas” y toda una serie de formas a cual más extraña, algunas no identificadas todavía… Todo un ecosistema que no depende de la luz del sol sino de los abundantes sulfuros metálicos que salen por esas fumarola negras, parecidas a las chimeneas de una fábrica… En lugar de organismos fotosintéticos, son bacterias y arqueas quimiosintéticas las que ponen en marcha y mantienen la diversidad de estas comunidades.

_Riftia_Juteau

Claro que para llegar hasta ahí había que entender mínimamente la geología de esas estructuras: la formación de nueva corteza oceánica en las dorsales, el crecimiento del Atlántico en detrimento del Pacífico… un relato que el geólogo Juteau hizo más que inteligible, fascinante. Y no lo fue menos la historia del descubrimiento de los fondos oceánicos, de su geología y su biología, su dinámica y funcionamiento. Thierry Juteau fue desgranando los principales hitos históricos en este descubrimiento: la primera cartografía batimétrica de 1855, necesaria para la instalación del primer cable submarino entre Norteamérica y Europa, la peligrosa batisfera en la que los audaces Beebe y Barton descendieron hasta los 908 m en 1934, el batiscafo de Picard, que descendió hasta los 10 916 m de la fosa de las Marianas (y se encontró con un pez en aquel abismo), hasta llegar, a partir de los años 70, a los pequeños y maniobrables sumergibles como el Alvin, el Cyana, el Nautile…, en los que el propio Juteau hizo sus descubrimientos, y a los diversos tipos de robots sumergibles que se están desarrollando en la actualidad. Una historia magnífica de la exploración submarina, que dejaría perplejo al mismo Julio Verne y que, como el propio Thierry Juteau se encargó de recordar, todavía no cubre más allá de un 2-3% de los fondos marinos.

En definitiva, la del miércoles fue una conferencia brillante, y sobre todo impactante, nos causó una impresión que recordaremos durante mucho tiempo._Fumarola_Juteau

Publicado el 4 marzo, en Reciente. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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